Escultura realizada en torno y arcilla

Poesía y ADN

Posted: abril 23rd, 2008 | Author: | Filed under: Las Artes | 12 Comments »

En la inaguración de mi exposición, “El paisaje en la escultura” el Sr. Leonardo Varela, conocido escritor y poeta Bajacaliforniano, fue quién se refirió ante el público asistente dando una consisa y elocuente lectura que le llamó “Poesía y ADN”. En dicha presentación se refirió a mi obra expuesta y a mi trascendencia como artista. Adjunto el texto “Poesía y ADN.

Poesía y ADN por Leonardo Varela

Hace tiempo me pregunto qué es la poesía. Cada vez que me hago esa pregunta aparecen una o varias respuestas, lo que me lleva a pensar que no hay ninguna respuesta. O que la poesía no es algo que existe, sino algo que sucede: no un objeto sino su sombra, es decir el reflejo de algo que en realidad no vemos sino a través de su reflejo.

Agradezco mucho a mi amigo José Guadalupe Ojeda Aguilar que me haya permitido conocer la obra de Mayela Leiva, y agradezco todavía más a Mayela que me invite a presentar esta muestra de su habilidad y talento. Como ya se habrán dado cuenta, aprovecharé la invitación, lo mejor que pueda, para decir unas breves palabras acerca de la poesía en la obra de Mayela, o mejor dicho de la poesía que sucede a través y gracias a la obra de Mayela Leiva.

Decía que la poesía no es algo que existe sino sucede, y eso que en el terreno de la literatura es un tanto escabroso, ante las esculturas de esta exposición me resulta totalmente comprensible, concreto y literalmente, palpable.

Encuentro en ellas poesía porque el barro primigenio de que están hechas, a pesar de sus transformaciones, conserva la clara memoria de un origen que como dijera el poeta Raúl Antonio Cota, “no es marino ni aéreo”, sino las dos cosas a la vez y muchas otras, incluso tal vez biológico y cósmico.

Existe en ellas ese fenómeno que llamamos poesía porque Mayela ha logrado preservar el placer de la forma que se produce al contacto con la mano hábil del artesano y porque registró en ese contacto la voluntad creadora del cerebro del artista. No hay poesía sin artesanía, pero la artesanía no se transforma en arte hasta que arde en los hornos del corazón y el cerebro.

Sólo entonces, después de formarse (o deformarse) por la conciencia, adquiere su cualidad definitiva, se convierte por derecho propio en algo artificial que ha salido de nuestras manos y sin embargo se inserta perfectamente dentro del orden natural, como si Dios o la genética lo hubieran diseñado.

Así aparecen estas formas, estos volúmenes densos y a la vez volátiles donde transcurre la imaginación de Mayela Leiva, su revisitación poética del paisaje sudcaliforniano, en una dimensión de búsqueda formal y calidad estética que nos permite descubrir lo conocido en lo desconocido, reconocernos en el misterio de nuestra insularidad y cifrar nuestra memoria en todas esas dólmenes, perfiles y acantilados que digirió transformándolos, reconstruyéndolos, reinventándolos.

No tengo duda de que en sus esculturas pétreas y aladas, está y no está cualquier lugar y sitio natural de los que cercan nuestra vista cotidianamente, aunque en proteica mutación, como si Mayela hubiera logrado inocular en ellos su propio código genético. Eso que llamamos “estilo” y no es otra cosa que la traducción de una personalidad a una forma.

Entonces, completo la idea: la poesía no es algo que existe en el mundo sino algo que sucede en nuestra conciencia cuando dejamos que el mundo se funda con nuestra genética, que se confundan el paisaje y el alma, los otros y nosotros, la vida y los objetos.

En “El paisaje de la escultura” existe un diálogo amatorio, una erótica entre natura y cultura, una feliz imbricación de lo que el ojo percibe y lo que la mano provoca, sin ceder jamás a las tentaciones de la “re-presentación”, es decir al acto reiterado, sino más bien aspirando a la “re-creación”, es decir la experiencia fundacional de una realidad siempre inédita, que surge a partir de los sentidos y sólo regresa a ellos después de haber formulado, por mecanismos de intuición, su más compleja matemática.

Hay síntesis, poesía, clasicismo y modernidad en estas esculturas que traslucen libertad y dignidad, temperamento experimental que no se agota en el experimento, sino que desemboca en el orden: fluido orden dinámico donde se resumen experiencia y creatividad, madurez de una artista que ha recorrido el mundo y expuesto en lugares como Egipto, Portugal, Argelia, Estados Unidos, Haití y México, sin perder la sensación del barro cartaginés con que forjó las primeras piezas en su natal Costa Rica.



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