Escultura realizada en torno y arcilla

Principio

Posted: mayo 27th, 2007 | Author: | Filed under: Las Artes | 37 Comments »

Desde niña me familiaricé con la arcilla. Frecuentaba la fábrica de ladrillos que estaba en Aguacaliente, en Cartago. «La ladrillera» como le llamaban ahí. Ahí se hacían ladrillos artesanales, para la construcción de casas, muros, hornos para pan, etc. Se utilizaba como material prima una arcilla muy plástica a la cual le adherían paja, estiércol, arena, ramas, etc. Me permitían jugar con la arcilla, lo cual me hacía entrar en un mundo fascinante donde dejaba fluir mi fantasía con las formas que le daba y que posteriormente podía meter al horno. El horno se construía con los mismos ladrillos, la cocción era a base de leña, los trabajadores mantenían el fuego del horno durante muchas horas, días y noches, las llamas se volvían incandecentes y de color naranja. Los trabajadores desarmaban el horno, cuando iban quitando y sacando cada ladrillo, siempre estaban calientes. La construcción del horno se hacía colocando cada ladrillo, uno por uno hasta agotar la cantidad de ladrillos hechos. Las dimensiones del horno variaba de acuerdo a la cantidad de ladrillos. Los ladrillos eran esquivados y se colocaban en carretillos para transportarlos al camión y de ahí al mercado. Yo estaba muy emocionada por ver mis juguetes cocidos. En está fábrica no se vidriaban los ladrillos. Años después conocí la fábrica de tubos de alcarraza en la Uruca, en San José. Esta fábrica era grande, usaban unos tornos verticales para hacer los tubos los cuales tenían un diámetro de 30 centímetros o más por mas de 90 centímetros de largo, la arcilla contenía óxidos y le mezclavan materiles refactarios, al hornearse se volvía dura y fuerte. Los hornos eran de cúpula redonda, a base de leña y carbón, la horneada duraba varios días, estos hornos eran maravillosos, estaban cubiertos de esmalte, de un color aguamarina, el esmalte se hacía cuando se adhería al fuego, a la cocción, sal (cloruro de sodio), el cual se volatizaba y se expandía por todo el horno y por los tubos. Los tubos cuando salían del horno tenían una apariencia sensacional, sus colores variaban mucho y cada uno tenía diferentes texturas y acabados.

Con el tiempo seguí haciendo piezas y esculturas utilizando esas técnicas, ahí me permitían hornearlas. Les ponía óxidos, engobes y esmaltes, los resultados fueron maravillosos, mas nunca pude volver a repetirlos. La arcilla alcanzaba un grado de dureza formidable, era gres, stoneware de la mejor calidad, los tubos se usaban para alcantaríllas y drenajes, los cuales duran toda la vida.



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